El arte de la oportunidad (Ley 35 de Las 48 Leyes del Poder, de Robert Greene)

“Conviértase en especialista en el arte de detectar el momento propicio para cada cosa”

–Robert Greene

La Ley Núm. 35 del libro Las 48 Leyes del Poder del Robert Greene se titula  “Domine el arte de la oportunidad”. Este capítulo versa sobre el tiempo, el cual, dice Greene, es un concepto artificial creado por los seres humanos el cual podemos manipular mediante la percepción, actuando con rapidez, o con lentitud. Para propósitos del estudio del poder y la estrategia, Greene explica que hay tres clases de tiempos: el tiempo forzado, el tiempo a largo plazo y el tiempo final..

Tiempo a largo plazo

El tiempo a largo plazo, dice Greene, es el tiempo para actuar defensivamente, no actuar impulsivamente y esperar por oportunidades. Dice Greene que “a veces no actuar al enfrentar un peligro es tu mejor movida. Esperas, y, deliberadamente, pausas. Según el tiempo pasa, eventualmente, surgen que ni habías imaginado”.

Este concepto de Greene de tiempo a largo plazo tiene cierto paralelismo con el concepto taoista de We wei (无为), que ha sido traducido al español como “no acción”, arte del “dejando ser” o, mi favorito, “quietud creativa”. Explican los escritores del taoismo que el mundo tiene un orden armonioso y la voluntad humana altera dicho orden. Dicha alteración, en ocasiones, puede ser conveniente, pero, en otras ocasiones, quizás sea mejor no actuar y esperar porque la naturaleza reestablezca por si sola el equilibrio. Un ejemplo de esto es cuando una persona a la cual necesitamos convencer de algo está demasiado enojada como para ser persuadida en ese momento. Nosotros bien podríamos lanzarnos a tratar de calmar la persona mediante diálogo para entonces convencerla pero, si tenemos el tiempo, quizás lo mejor sea no tomar ninguna acción, esperar que se le pase el enojo por si solo, y, entonces, cuando “las aguas bajen a su nivel” y la persona esté más receptiva a nuestras ideas, empezar el diálogo. Claro, no siempre la no acción es una opción. Si tenemos una emergencia y no tenemos, por ende, espacio para esperar, no tendremos otra opción que  actuar y forzar el resultado deseado aún con las circunstancias en nuestra contra. Pero si podemos esperar entonces es mejor pensar a largo plazo y esperar a que las circunstancias sean favorables para la acción.

Tiempo forzado

Por otro lado, el concepto de tiempo forzado es, según Greene, un  tiempo que podemos manipular con un arma ofensiva, distorsionando el tiempo de nuestros oponentes alargándolo o acortándolo.

Dice Greene que  “el truco en forzar el tiempo es arruinar el tiempo de otros, hacerlos tener prisa o hacerlos esperar, hacerlos abandonar su posición, distorsionar su percepción del tiempo. Esperar el tiempo de nuestros oponentes mientras nosotros permanecemos pacientes, o tiene tiempo adicional para ti, es tener la mitad del juego gano”

Hacer que las personas esperen es una forma poderosa de forzar el tiempo (pues pierden el momentum), igual que lo contrario hacer que los demás se apresuren (aquellos que actúan apresurados cometen errores). En ambas instancias, tú estás controlando el tiempo, tienes el poder, haces que el oponente actué o no actué cuando tu decidas. Un ejemplo de de forzar el tiempo alargandolo es cuando en los deportes que se puede detener el juego para dar instrucciones a los jugadores como en el baloncesto, el equipo que se ve en aprietos empieza a detener el juego constantemente para parar el momentum del otro equipo. Un ejemplo de lo contrario, de apresurar el tiempo, lo es cuando en un deporte un equipo hace una transición de la defensiva a la ofensiva tan rápida que no le da tiempo al equipo contrario de hacer la transición, logrando que la ofesiva sea facilmente exitosa.

Tiempo final

Por último, Greene describe el tiempo final, que, en mi opinión, es el más importante de los tres pues es en el cual se producen los resultados. De hecho, aún cuando nuestra estrategia se base en un tiempo a largo plazo o en un tiempo forzado (ya sea en su modalidad apresurada o alargada), al final, valga al redundancia, todo terminará (perdón de nuevo) en el tiempo final (sorry).

Dice Greene que el tiempo final es el tiempo para actuar con rapidez y fuerza. El tiempo por el cual debemos de esperar con paciencia, pero no debemos vacilar en actuar rápido al llegar a él.

El tiempo final, dice Greene, es casi un arte. Debemos esperar por el momento preciso con suma paciencia pero actuar con celeridad cuando éste llegue. Hay personas, dice el autor, que fingen ser pacientes cuando en realidad lo que pasa es que están temerosas de actuar en el tiempo final. Es decir, su paciencia no es otra cosa que una excusa para largar y alargar la toma de acción, porque están paralizados por el miedo. La clave del tiempo final, por ende, es tener paciencia hasta que llegue, pero lanzarse hacia él en el momento preciso con toda la rapidez del mundo. El tiempo final es lo que en otros contextos se llama cerrar, o en inglés “closing”, cuando se habla de cerrar una venta, o cerrar un avance romántico como un beso o un avance sexual. El tiempo final, es decir, no es otra cosa que el tiempo de actuar y cerrar un ciclo, el tiempo en el que el baloncestista tira la bola al canasto, o en el que el boxeador remata a su oponente, o un vendedor que hace decir “sí” a un cliente, o el chico besa a la chica, o cuando el francotirador aprieta el gatillo luego de seguir su objetivo durante horas.

Entre más rápido ejecutemos en nuestro tiempo final, menos defensas podrá levantar nuestro oponente.

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