Los químicos de la felicidad, según Simon Sinek

De las partes más importantes del libro “Los líderes comen al final” de Simon Sinek (y de la charla TED con el mismo título que pueden ver en YouTube) versa sobre lo que el autor llama “los químicos de la felicidad”, que son sustancias que nuestro mismo cuerpo produce con el propósito de incentivar, a través del placer y sensación de bienestar, que hagamos cosas que, como individuo y como especie, nos conviene hacer. Estos químicos naturales que nos provocan felicidad son la endorfina y la dopamina, que Sinek describe como “químicos egoístas” pues incentivan comportamientos que nos benefician principalmente a nosotros como individuos, y la oxitocina y la serotonina, que Sinek describe como químicos no egoístas pues incentivan comportamientos que nos benefician, no como individuos, sino como colectivo o como especie.
Pero ¿cuál es la importancia de estos químicos para el ámbito de los negocios? Que la correcta implementación de actividades que provoquen que nuestros cuerpos produzcan estas sustancias nos podría llevar a ser más felices, y, por ende, productivos. Un ambiente tóxico de trabajo, por el contrario, podría elevar los niveles de estrés, reduciendo algunas de estas hormonas de la felicidad e inhibiéndonos de la capacidad de sentir empatía, ser generosos, y hasta tener un sistema inmunológico fuerte que nos prevenga de enfermedades. Privarnos de estos químicos, a través de ambientes tóxicos y estrés desmedido, no solo nos hace menos productivos, sino que literalmente, nos podría matar.

Pasemos a discutir cada uno de estas hormonas

Endorfina: la anestecia natural

El primero de estos químicos, la endorfina, es el más sencillo, porque sencillo es su propósito, según Sinek: aliviar el dolor. El cuerpo la produce cuando hacemos tanto ejercicio que nos duele, y del dolor pasamos a una sensación de bienestar que hace que muchos ejerciten en busca de dicha sensación, la cual les puede producir calma y aliviar el estrés. Sinek menciona que también cuando nos reímos tanto que nos duele, el cuerpo también produce endorfina.

Dice Sinek que:

“la endorfina es lo que provoca la euforia que siente un atleta, y es la razón por la cual personas que tienen un hábito de ejercicio regular optan por ejercitarse cuando tiene estrés. Su razón evolutiva es muy sencilla: nos provee resistencia física al dolor y al cansancio para realizar actividades que en otros tiempos eran vitales, como cazar o recolectar alimentos. De esta forma, no solo realizamos actividades que son necesarias por el hecho de ser necesarias, sino porque también las disfrutamos”

Dopamina: el químico de las metas

El segundo de los químicos de la felicidad es la dopamina. Su propósito es que hagamos las cosas que tengamos que hacer, es decir, metas sencillas a corto plazo como comer. El acto de comer nos provoca dopamina. Este efecto hace que se sienta bien comer, y queramos comer. Pero, según Sinek, no solo el propio acto de comer produce dopaminas, sino que el solo hecho de ver la comida a lo lejos hace que el cuerpo nos dé una pequeña dosis de dopamina, y el acercándonos a la comida también produce dopamina, hasta que finalmente la comemos, y también tenemos dopamina. Es por esto, según Sinek, que tenemos que “ver” nuestras metas, tener una visión, y acércanos a ella. Cada paso que demos hacia el cumplimiento de una visión clara nos producirá una sensación placentera mediante dopamina, de la misma forma que cada paso hacia la comida también nos produce dopamina. La lección aquí es sencilla: no basta con trabajar sin cesar, hay que visualizar unas metas, e irnos acercándonos a ella para realmente disfrutarnos el proceso con dosis de dopaminas producidas con cada paso que demos en dirección hacia una meta tangible.

Sinek comenta que, probablemente, nuestros ancestros salían a cazar no solo para conseguir alimentos, sino porque se sentían bien haciendolo, obteniendo sus dosis de dopamina, de la misma forma en que en la actualidad muchas personas corren porque se sienten bien corriendo y no porque huyan, o levantan objetos pesados porque se sienten bien haciéndolo (además de las razones de salud y estética) y no porque necesitan hacerlo para sobrevivir.

El peligro de la dopamina, señala Sinek, es que es altamente adictiva, y podemos obtenerlas engañado a nuestro cuerpo, pues no solo actividades inofensivas como comer o lograr cosas nos produce dopaminas, sino también el alcohol, la cocaína o las apuestas. De igual forma, lo que en principio es inofensivo y hasta deseable, como ser productivo o lograr resultados, podría convertirse en una adicción psicológica que nos provoque cada vez desear más y más y más resultados, ganancias y productividad, provocando, en ciertas instancias, un desbalance en nuestras vidas. “La dopamina es necesaria, pero a la vez peligrosa”, señala Sinek.

Serotonina: el químico del liderazo

El tercer químico de la felicidad es la serotonina. La serotonina, según Sinek, es lo que nos hace seres sociales, lo que nos conecta con las personas a nuestro alrededor para lograr cosas juntos, y lo que hizo que los seres humanos formaran sociedades y culturas. Gracias a la serotonina podemos agrupamos para lograr propósitos más grandes de los que seríamos capaces de lograr solos por nuestra cuenta.

La serotonina es muy parecida a la dopamina, en el sentido de que estimula ciertos comportamientos que nos son beneficiosos. La diferencia radica en que mientras la dopamina premia conductas más efímeras e inmediatas (como comer, cazar, o alcanzar cualquier meta del momento) la serotonina premia metas de mayor importancia que aumentan nuestro estatus social y el respeto que los demás sienten por nosotros. Es por eso que, según Sinek, la serotonina es el químico del liderazgo. Conseguir respeto, estimula la liberación de serotonina, y nos da una sensación placentera de orgullo. Evolutivamente, el respeto y el estatus social es importante para los individuos pues aumenta su capacidad que conseguir oportunidades de apareamiento, produciendo descendencia y asegurando la supervivencia de la especie.

Por eso tenemos graduaciones, y premiaciones, señala Sinek. Al graduarnos o ser premiados, obtenemos nuestras dosis de serotoninas en la ceremonia a medida que sentimos respeto y vemos que aumenta nuestro estatus social. Con estos logros obtenemos serotoninas y nos sentimos orgullosos de nosotros mismos, y nuestra confianza aumenta. Pero el beneficio de esto no es solo individual. Cuando nuestros familiares, amigos y gente que nos desea bien nos ve triunfar, también ellos obtienen sus propias dosis de serotoninas, compartiendo el orgullo y la sensación de placer mediante nuestros logros. Este compartir del orgullo crea una relación entre líder y seguidor, y entre individuos y colectivos. La serotonina aumenta nuestro orgullo y hace orgullosos a otros, lo cual es positivo. El problema es que, al igual que como sucede como la dopamina, el ser humano ha encontrado formas de engañar al cuerpo logrando la producción de serotonina sin haber realizado el tipo de conducta que de ordinario se necesita para obtener la recompensa de la serotonina. Por ejemplo, consumir productos costosos de marcas de renombre puede provocar la producción de serotonina haciendo que sintamos que aumenta nuestro respeto y estatus social debido a la tenencia de dichos productos. El problema con ello es que, en realidad, dichos productos solo son símbolos vacíos de significado, pues su mero consumo no implica un gran logro digno de admiración, lo que hace que su efecto sea pasajero y tengamos que consumir cada vez más y más para lograr mantener el placer de la serotonina.

Oxitocina: el químico del amor

El cuarto químico de la felicidad, la oxitocina, Sinek lo describe como “el mejor químico”. Es el químico del amor, la amistad y la confianza. Otras personas también le llaman la hormona del abrazo o de la fidelidad.

Sinek menciona que la oxitocina es la razón por la cual nos gusta pasar tiempo con nuestras amistades así no hagamos nada, solo por tener su compañía. La compañía de personas que apreciamos nos hace sentirnos seguros, como que alguien cuida nuestras espaldas. Formas que provocas la producción de oxitocina son mediante el contacto físico, los abrazos, los apretones de manos, las palmadas, entre otros.

Al tocarnos, nos damos mutuamente oxitocina. Es la razón por la cual chocamos manos en celebración cuando  coincidimos en algo, y la razón por la cual los atletas se dan palmadas en la espalda (¡o hasta en las nalgas!) para felicitarse los unos a los otros.

La oxitocina también se produce a través de actos de generosidad. Es por eso que ayudar a otros nos hace sentirnos bien, aun cuando sea acosta de nuestro propio beneficio. Sin embargo, dice Sinek, que no es la generosidad con el dinero lo que produce oxitocina y por ende sensación de bienestar, sino la generosidad con el tiempo. Dedicar nuestro tiempo a otros es lo que produce la oxitocina que hace que nos sintamos bien. Esto se debe, según Sinek, a que, como especie, apreciamos por encima de cualquier cosa nuestro tiempo y esfuerzo. Apreciamos en sobremanera que la gente nos brinde su tiempo y esfuerzo, aun en situaciones cuando el desembolso de dinero racionalmente pudiera ser más útil.

Un líder, menciona Sinek, va donde sus seguidores y le dedica tiempo, produciendo la sensación de bienestar de la oxitocina tanto para el líder como para el seguidor que se siente apreciado y honorado con el tiempo y esfuerzo que le dedica su líder.

Entre mas tiempo y energía dediquemos a algo o alguien, más la gente lo apreciará. Por eso, menciona Sinek, funcionan tan bien las notas escritas a mano y los encuentros personales, y por eso apreciamos más donar nuestro tiempo que donar dinero. Y entre más oxitocinas tengas, más generoso vas a querer ser. Esta sensación de bienestar de la oxitocina nos da un mejor sistema inmunológico y nos hace más felices.

Para asegurar una buena producción de oxitocina que logre una buena cohesión social, debemos ser cuidadosos con los medios que escogemos para comunicarnos. Como principio general, entre más tiempo y esfuerzo dediquemos a una comunicación con una persona, más apreciada será nuestra comunicación y probablemente mejor recibida será. Sinek menciona que, por ésto, debemos tener cuidado con el uso del correo electrónico (email). Dice Sinek que el email (y yo añadiría que los mensajes de textos), son una buena herramienta para intercambiar información de carácter racional, pero cuando la comunicación puede implicar algún tipo de emociones, deberíamos, mejor, escoger dedicar más tiempo y esfuerzo mediante una llamada telefónica o un encuentro personal. Si necesitamos evidencia de la comunicación realizada, luego podremos escribir un email resumiendo lo acordado.

Una cita espectacular de Sinek sobre la oxitocina es la siguiente:

“A diferencia de la dopamina, que se trata de una gratificación instantánea, la oxitocina tiene que ver más con el largo plazo. Cuanto más tiempo pasamos con algunas personas, más dispuestos estamos a hacernos vulnerables alrededor de ellas. A medida que aprendemos a confiar y ganar su confianza, más fluye la oxitocina. Con el tiempo, como por arte de magia, nos damos cuenta que hemos desarrollado un profundo vínculo con esta persona. La locura y la emoción y la espontaneidad de la dopamina se sustituye una relación más relajada, estable y orientada a largo plazo impulsada por la oxitocina. Esto es un estado mucho más valioso si tenemos que contar con alguien que nos ayude a lograr cosas y a protegernos cuando somos débiles. Mi definición favorita del amor es darle a alguien el poder de destruirnos y confiar en que no lo hará.

Esta dinámica se dá en toda relación. En los primeros días de un nuevo empleo, nuestro entusiasmo puede ser elevado, así como el de la persona que nos acaba de contratar, todo parece ser perfecto. Pero la confianza que necesitamos para sentir que nuestros colegas nos velarán la espalda y nos ayudarán a crecer y realmente tener un sentido de pertenencia, requiere de tiempo y energía. Ya sea en lo personal o en lo profesional, aplican las mismas reglas para el desarrollo de las relaciones”

Cortisol: el químico del estrés

Sinek, por último, discute un químico llamado cortisol. El cortisol, a diferencia de los anteriores cuatro químicos discutidos, no nos provoca felicidad, pero sí puede provocarnos infelicidad, a pesar de que su propia existencia es necesaria. El cortisol, dice Sinek, está diseñado para ponernos alertas, tensos, nerviosos en busca de un peligro. Cuando nuestros antepasados se veían amenazados ante la presencia de un posible depredador, su cuerpo les brindaba una dosis extra de energía necesaria para escapar o defenderse a través de la producción de cortisol. Esto no es otra cosa que el estrés, que, aunque en exceso es muy perjudicial, cumple una función poniéndonos más alertas, activos y energéticos cuando la situación lo amerita. El problema, señala Sinek, es que toda esta energía extra de algún lado nuestro cuerpo debe sacarla. Para encontrar esta energía extra, el cortisol “apaga” sistemas biológicos de nuestro cuerpo no esenciales. El crecimiento de cosas como las uñas y el pelo se detiene, por ejemplo (no necesitamos que nos crezca el pelo cuando nos persigue un león). Pero otro de los sistemas que igualmente se apaga ante el estrés es el sistema inmunológico, pues no lo necesitamos en ese momento, mientras enfrentamos un peligro inmediato.

No se supone que tengamos cortisol en nuestro cuerpo todo el tiempo. Se supone que lo tengamos, lo usemos y se vaya. Problemas de estrés crónico, sin embargo, puede provocar que siempre estemos con un sistema inmunológico débil, provocándonos enfermedades. Un lugar de trabajo que no nos haga sentir seguros, en el que tengamos que siempre estar a la defensiva (de nuestros propios colegas o de nuestros superiores) mantiene nuestros niveles de cortisol todo el tiempo altos, provocándonos diabetes, cáncer, enfermedades arteriales, entre otras. Ambientes tóxicos de trabajo, advierte Sinek, literalmente nos matan.

Otra cosa que hace el cortisol es inhibir la oxitocina. Por eso, si estamos en un ambiente en el que no nos sentimos seguros, vamos a ser menos empáticos y generosos. No hay tiempo para la empatía y la generosidad mientras huimos de un león. Estamos demasiado ocupados procurando nuestra propia supervivencia como para pensar en otros. Es la responsabilidad de un líder procurar no tener este ambiente tóxico laboral que literalmente mata a sus empleados, y los hace peores seres humanos.

En fin, comparo el funcionamiento de estos químicos de nuestro cuerpo como el “software” de nuestras emociones. Un líder, ya sea en una empresa, en una familia o en la comunidad, debe saber como funcionan estos componentes esenciales de la naturaleza humana para lograr que su organización corra de manera saludable, con individuos que se sientan seguros, apreciados, con sentido de pertenencia y de propósito.

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